Cova Díaz 14/03/2014

Cova Díaz 14/03/2014

Es increíble las cosas a las que uno puede llegar a acostumbrarse. Yo, por ejemplo, dejé de verme los pies en la ducha cuando tenía nueve años. También me resigné a perderme cada vez que salía del mar en verano e intentaba encontrar mi toalla. O a vivir pegada a un bote de líquido para lentillas.

Pequeñas cosas sin importancia… o eso es lo que creía yo. Porque la verdad es que jamás olvidaré el día que, al mirar para abajo en la ducha, volví a verme los pies. No podría compararlo con ninguna otra sensación que haya vivido. Y no sólo eso. Despertarme y mirar por la ventana desde la cama… creo que es mi momento favorito del día. Y me lo estaba perdiendo. Me lo perdí todos los días de mi vida hasta los 22 años, cuando la Dra. Melania Cigales me operó de miopía y astigmatismo.

Lo más gracioso de todo es que la operación que me cambió mi forma de mirar el mundo (literalmente) duró algo así como treinta minutos. Sin post-operatorio, sin dolor, sin complicaciones.

En definitiva, sólo puedo dar las gracias a la doctora Cigales por devolverme la vista y ahorrarme los quince minutos que cada mañana tardaba en encontrar mis gafas. Si sumas todos esos minutos, no sólo he ganado un sentido, sino también un montón de horas para mí

Cova Díaz (Copywriter en Tapsa/Young&Rubicam)

Madrid

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